Psicóloga clínica-psicoterapeuta
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El psicoanálisis relacional sostiene que en el sufrimiento psíquico humano -además de las predisposiciones de orden genético y ambientales -tienen una especial influencia los contextos relacionales en los que se generó dicho sufrimiento, es decir, de qué forma se dieron y cómo se fueron incorporando consciente y/o inconscientemente los primeros vínculos con las figuras parentales o los adultos que nos cuidaron. Estas experiencias de "apego" pueden generar fallas básicas en nuestra subjetividad, como el sentimiento profundo de soledad, de desprotección, el desamparo o la baja autoestima, así como la búsqueda de un ideal que colme nuestra necesidad insaciable de amor y reconocimiento.
El término "social" viene dado por la influencia inevitable de lo socio-cultural en la evolución del padecer psíquico del ser humano en función del momento histórico en que vive. El sufrimiento psíquico humano y las patologías están en permanente transformación al tiempo que aparecen nuevas formas de expresión: (adicciones diversas: drogas de diseño, móbil, internet; somatizaciones: fibromialgia; trastornos alimentarios: anorexia y bulimia; los trastornos de tipo narcicista insastisfacción permanente por la no consecución de los ideales deseados; trastornos del déficit: sentimiento permanente de insuficiencia, de inferioridad; los trastornos de personalidad antisocial, así como las graves dificultades en muchas personas para crear vínculos afectivos estables).
La salud mental de una persona queda impregnada por lo tanto del discurso
ideológico y el sistema socio-cultural que lo sostiene, y por ideología
debemos considerar los términos "sexista y patriarcal".
El género es una construcción social que atribuye una serie de actitudes, valores, funciones y normas de conducta diferentes para cada sexo. Pero los géneros están jerarquizados, al ubicar a la mujer en un lugar de subordinación con respecto al hombre. Por lo tanto, lo que se espera es que cada hombre o mujer se identifique "naturalmente" con aquellos valores que le son asignados. Pero este “mandato patriarcal” contiene grandes dificultades para unas y otros.
La consecución de la propia identidad a partir de estas premisas, y la dificultad o la imposibilidad -o no deseo- de ajustarse a estos modelos, arroja a hombres y mujeres a sufrimientos inútiles, al no entendimiento, a la frustración, a la inseguridad, a la posesividad, a los celos, al sometimiento y a la violencia. Diríamos que, en principio, siendo las mujeres las víctimas visibles –hasta hace poco invisibles- de la discriminación y la violencia, no por ello debemos de obviar que los hombres también son víctimas del sistema. La diferencia consiste en que mientras las mujeres ya hace tiempo que son conscientes de ello, una gran mayoría de hombres no se plantean que tal vez gran parte de su malestar psíquico puede tener relación con la forma en que han construido su masculinidad. Víctimas de un sistema que les obliga a ser un tipo de “hombre” que no pueden/no desean ser, o por el contrario, desen seguir aferrados al modelo de virilidad establecido que, por un lado les confiere privilegios pero por otro, evidencia que cada vez tiene menos credibilidad.
La psicoterapia relacional y social puede ser un instrumento para analizar en profundidad estos temas: la identidad sexual, los miedos, las expectativas respecto a uno mism@ y los demás, las relaciones de dependencia, la validación de la propia subjetividad, la interpretación de la intersubjetividad, la construcción de vínculos afectivos saludables, los mecanismos de defensa que utilizamos para defendernos de los déficits y las frustraciones (como la agresividad), la sumisión, la negación del conflicto, la aceptación de las diferencias, las ansiedades más primarias, las fallas básicas en la infancia, autoestima....
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